lunes, 2 de mayo de 2011

INTOLERANCIA

Hace algún tiempo, cuando la juventud todavía te hace creer que la naturaleza humana puede ser cambiada mediante la culturización, pleno de alegría, escribí un pequeño discurso sobre la tolerancia para ser leído y discutido –hoy llaman socializado- en una tertulia de amigos, creo que tan buenos soñadores como yo. Citaba entonces al Stuart Mill (On Liberty) definiéndola como la disposición a convivir armoniosamente con personas de creencias opuestas a las nuestras y a respetar formas de vida diferentes. Pues bien, aún estoy de acuerdo con la definición, pero 18 años después de observar más de cerca los comportamientos individuales y de grupo me toca aceptar la inutilidad de la tolerancia cuando no hay un interés común en la convivencia. Imaginen a la iglesia católica tolerando el aborto en una niña violada por 5 tránsfugas, a los musulmanes haciendo lo propio con un caricaturista de Mahoma; a los de izquierda tolerando las buenas ideas de la derecha y viceversa, a un cristiano que no se escandalice cuando le digo que soy ateo, a los políticos soportando con tranquilidad a un funcionario que les salió honrado; no sucede ni sucederá porque es otra la orientación del ser humano. La tolerancia fue un buen invento e intento de la cultura para aplacar las iras de los poderosos de antaño e igualarlos a los desposeídos mediante un sentido de la vergüenza. Fue un triunfo de los débiles, quienes llenos de ilusiones no se percataron de la finta que reemplazó con creces las ventajas que concedía la fuerza. Precisamente esa fuerza bruta de la espada y el arcabuz, de la horca y la pernada, de la sumisión total, se disfrazó de impuestos, de organización del estado y democracia, para que los que tuvieran acceso al poder siguieran exprimiendo el jugo del trabajo de las mayorías. Y lo que sucede dentro de un pueblo sucede entre las naciones con la inflexibilidad de la lucha por la vida que castiga a los rezagados de la evolución, en este caso los tolerantes.
No quiero aparecer como plañidera o político sin poder, que todo le parece malo. Estoy escribiendo este mensaje para proponer la INTOLERANCIA. ¿Parece absurdo? No lo es. Propongo la intolerancia hacia los funcionarios públicos que extorsionan a contratistas o se dejan sobornar para adjudicar licitaciones y contratos y a los últimos también, hacia aquellos que después de un cargo hacen su aparición en la galería de nuevos millonarios; contra narcotraficantes directos y sus trabajadores o testaferros, contra los guerrilleros y todos quienes los ayudan. Propongo intolerancia frontal contra los intolerantes, contra todos aquellos que piensan que lo único importante y válido es el mundo que ellos ven dentro de un tubo. Con este tipo de intolerancia hay que conquistar el poder y seguirla ejerciendo para no caer en la tentación de ser tolerantes con los nuevos débiles y reiniciar entonces el círculo vicioso.
No quiero ser tolerante con un Garavito que viola y asesina niños, deseo que muera porque no tiene remedio, saldrá a hacer lo mismo; tampoco quiero tolerar a un parlamentario que explota a sus recomendados o un funcionario que se roba nuestros impuestos y luego se regodea en las más altas instancias sociales, ufanándose de sus perversas habilidades ante el aplauso de los bandidos que acechan su oportunidad de hacer lo mismo. También deseo que mueran pronto porque estos son peores a Garavito, ellos enseñan con el ejemplo a sus hijos y nietos, construyendo así una cadena generacional de delincuentes que impiden el desarrollo de mi país.

Hay que ser intolerantes con todos ellos porque han privado a generaciones de colombianos de una mejor forma de vivir, están sembrados en sus diversos tronos desde los palacios de gobierno (signo de la nostalgia), la tupida selva, las casas de rimbombante mal gusto, los yates lujuriosos y los clubes sociales alcahuetes; donde afinan sus “negocios”, se ingenian leyes para favorecer a grupos de poder y se comen la manzana sin dejar desperdicios ni para los perros. Con ellos hay que ser intolerantes, no prestarles ni el saludo, no negociar con ellos ni en lo legal y hacerles sentir nuestro desprecio por su condición y mala vida, y una vez que sean sometidos por la justicia hay que dejarlos adentro o suprimirlos pero haciéndoles devolver todo el dinero de sus actos ilícitos para que su familia, en estos casos casi siempre cohonestantes, no puedan disfrutar del producto de sus fechorías.
Si señores; creo que con esta “intolerancia” podremos construir un nuevo y mejor país.